Crisis en el Vaticano
Por primera vez en casi medio siglo, el personal administrativo del Vaticano fichará su entrada como parte de una campaña para combatir el bajo rendimiento, indicio de que la crisis mundial también se ha propagado al estado más pequeño del mundo, según recoge Bloomberg.
A partir del 1 de enero, todos los empleados de la Santa Sede recibirán tarjetas magnéticas y serán obligados a registrar su entrada y su salida a fin de que su empleador se asegure de que trabajen la jornada completa, según un portavoz del Vaticano que se negó a ser nombrado. El papa Juan XXIII canceló la práctica en 1960. La propuesta para mejorar la eficiencia fue hecha por la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, establecida en 1967 por el papa Pablo VI para supervisar las propiedades de la Santa Sede tras la pérdida de los Estados Papales en 1870 con la reunificación de Italia. También administra el dinero recibido del Gobierno italiano mediante los Pactos de Letrán de 1929, en los que el Papa recibió una compensación por las tierras perdidas. La Santa Sede, que según su declaración financiera anual tiene 1.974 empleados entre sacerdotes y laicos, también ideó un sistema de evaluación para recompensar a los trabajadores sobresalientes y castigar a aquellos cuyo desempeño es inferior, dijo el portavoz. Con la nueva tarjeta, las ausencias prolongadas producirán recortes en la paga, mientras que los empleados dedicados recibirán sobresueldos. Los empleados del Vaticano ganan entre 1.300 euros
y 2.300 euros al mes, según el diario La Stampa. Además de sus salarios, tienen prestaciones como combustible libre de impuestos y vivienda subsidiada.
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